






Hace 22 años las ondas expansivas de un bombazo hicieron saltar por los aires el estudio de grabación de Infopesa, la disquera que impuso la cumbia. Con 80 años, el propietario de la discográfica, Alberto Maraví Chombo, un hacedor de éxitos, ha iniciado el relanzamiento de la compañía que publicó los emblemáticos discos bailables de los años 70 y 80.
Por ÁNGEL PÁEZ
Foto ROCÍO ORELLANA
Alberto Maraví Chombo es el rey Midas peruano de la música. Todo lo que produjo fue un éxito. Ha tenido tantos números uno que ha perdido la cuenta. Solo lo detuvo un dinamitazo que en 1989 destruyó el estudio de grabación de su histórica compañía, Industrias Fonográficas del Perú (Infopesa). En ese tiempo de crisis económica, asesinatos, bombazos y miedo, Maraví recorría las calles de la capital en un Mercedes Benz, un lujo que solo un puñado de peruanos lograba disfrutar. Pagó sus beneficios a más de un centenar de trabajadores y cerró la compañía... hasta nuevo aviso. Entonces era el más importante empresario musical con un amplio rango de actividades: descubridor de talentos, promotor de estrellas, administrador de licencias de temas originales, organizador de orquestas, fabricante de discos, director de programas de televisión y radio, en fin. Si alguien quería sonar y popularizarse en el Perú o en el mundo, tenía que dirigirse a Infopesa, de Alberto Maraví Chombo. No había remedio. Era el rey Midas de la música.
Pero el rey Midas envejece. El pasado 12 de julio cumplió redondos y rotundos ochenta años. Sin embargo, en una edad en la que muchos zozobran en las lagunas, su memoria es prodigiosa. Es prolijo en los datos. Recuerda perfectamente los nombres. Si el guitarrista está vivo o muerto. El número de elepés que grabó cada agrupación o solista. Los lugares donde sus artistas rompieron marcas de asistencia de público. Rememora con absoluta pasión, sin pecar de palangana. Si uno cree que el propietario de un codiciado catálogo musical valorizado en millones de dólares es un tipo petulante, frío y distante, yerra sonoramente. Alberto Maraví Chombo prefiere decir que ha sido bendecido que afortunado. Por algo será.
El padre de Alberto Maraví lo despachó a la Universidad de Buenos Aires para que hiciera una carrera de ingeniero agrónomo y a su retorno se hiciera cargo de las tierras de la familia, en Sicaya, Junín. En la capital argentina por el contrario dio rienda suelta a su afición por la música. Compraba discos, escribía comentarios musicales en periódicos y revistas y condujo programas radiofónicos. “En la época de oro del tango tuve en mi cabina a Enrique Santos Discépolo, Aníbal Troilo, Roberto ‘Polaco’ Goyeneche, Astor Piazzola y otros”, lo dice como si hablara de sus caseros en el mercado. Luego pasó a Montevideo, donde amplió sus actividades. Alrededor de 1952 s
uitarrista llevaba bajo el brazo un paquete de discos. “Aquí nadie me conoce. Mi música no suena. He vendido casi nada. Esto es un fracaso”, le dijo entristecido. Maraví le pidió algunos de los álbumes que llevaba. Escogió un tema que consideró uno de los mejores y lo rotó varias veces en su programa. El impacto fue inmediato. A los pocos días Jaramillo tuvo que regresar a Montevideo para ofrecer varios conciertos y disfrutar del estrellato. El tema era “Nuestro juramento”, todo un clásico. “Fue una apoteosis. Lo que necesitaba Julio Jaramillo era un productor que conociera su música. Desde entonces nos hicimos grandes amigos”, afirma Alberto Maraví. Recién había comenzado a probar sus habilidades de Midas de la música.
También pasó una buena época en Sao Paulo y Río de Janeiro. Como en Buenos Aires y Montevideo, escribía crítica musical y dirigía programas radiales con sonidos de todo el mundo. “Era la época del surgimiento del bossa nova. Entrevisté en la radio a Joao Gilberto, Vinicius de Moraes y Tom Jobim, en una época en que también surgía la nueva ola brasileña. Conmigo estuvo en la radio un jovencísimo Roberto Carlos en compañía de Erasmo Carlos, que recién empezaba en su carrera”, afirma Maraví. En Brasil se hizo productor de discos en la compañía Philips, lo que le permitió viajar por todo el país y contactarse con numerosos artistas de los más diversos géneros. Al mismo tiempo trabajaba en radio Tupí, una de las más potentes e influyentes de Sao Paulo, de 10 a 11 de la mañana. Su programa se llamaba ‘Discómetro mundial’. Asistía al renombrado festival de San Remo, en su mejor etapa, y en él se relacionó con los ganadores de varias jornadas, como Domenico Modugno, Luciano Tajoli, Nicola Di Bari, Bobby Solo... En 1975 se llevó el triunfo el tema “Ragazza del Sud”, interpretado por Gilda. Maraví discrepó del resultado.
Le gustó más el segundo lugar. No esperó demasiado para darse cuenta de que no se había equivocado.
La hora de la música
El regreso al Perú todavía estaba un poco lejos. En la primera mitad de los 60, Maraví prefirió incursionar en Nueva York, en plena ebullición de las grandes orquestas afrocubanas y del jazz latino. Forjó amistad con el gran Tito Rodríguez, con el prolífico Raúl Hernández, el espectacular trombonista Mon Rivera, el legendario cantante Vicentico Valdés. “Hacía amigos porque encontraban en mí a alguien que conocía y difundía su música en mis artículos o programas de radio, como ‘Postales del Caribe’ y ‘Nocturnal Antillano’. Pero hay algo más: amo la música”, explica Alberto Rivera. “En ese tiempo transitaba entre Nueva York, La Habana y Caracas. Reinaban Tito Puente, Machito, Benny Moré, Dámaso Pérez Prado, La Lupe, en fin. No podía perdérmelo”. En 1966 le ofrecieron un espacio radial, un programa de televisión y un puesto de trabajo como director del catálogo internacional de la disquera El Virrey, en Lima. Entonces supo que había llegado la hora de regresar a la tierra. Estuvo ausente 16 años.
No duró demasiado en El Virrey por discrepancias con el dueño. En 1968 fundó Disco Independiente Nacional (Dinsa). Con oído agudo, Alberto Maraví Chombo se dio cuenta de que la música tropical era protagonista.
Mandaban el boogaloo, la guaracha, el mambo, el son. Viajó a distintas localidades de la costa norte y de la selva para asistir a las fiestas populares e identificar a los que animaban el baile. La cumbia estaba en pañales y era instrumental. Desde su programa ‘Discómetro mundial’, de radio América, y desde canal 9, Maraví inundó las audiencias con la cumbia venezolana de Hugo Blanco y la cumbia colombiana. “El guitarrista Berando Hernández, que era integrante de Los Pacharacos, fascinado por Hugo Blanco, me buscó y me dijo que quería hacer otra cosa.
Me enseñó dos composiciones, ‘Arre caballito’ y ‘La Parada’, dos cumbias con guitarra psicodélica. Hernández grabó como Manzanita y lanzamos el disco. Fue simplemente es-pec-ta-cu-lar. Así comenzó la cumbia peruana”, narra Maraví. Todos querían grabar en Dinsa. En 1968 salió el álbum de Los Orientales de Paramonga, con sus alucinantes temas ‘Lobos al escape’ y ‘La danza del mono’. La ola de la cumbia instrumental peruana crece cuando Maraví captó a los Rumbaney, de Chimbote, quienes arrasaron con ‘El poncho’ y ‘Cumbia india’. El terreno estaba listo para el maremoto de cumbia de sabor nacional.
Es la hora de la cumbia
Maraví atrapó al limeño Aniceto Salazar y sus Fabulosos, que se ganaron la categoría de ídolos con un estilo cumbia-rock con dos grandes temas, ‘Mi gran noche’ y ‘El ensarte’. Del Callao, el dueño de Dinsa fichó a los hermanos Canevello, fundadores de Los Beta 5, que la rompieron en 1971 con ‘Módulo lunar’ y ‘El bicho’. Estaba en el pico cuando Maraví resolvió romper con Dinsa debido a discrepancias con sus socios. Se llevó todo el catálogo consigo y el 9 de febrero de 1971 fundó Industria Fonográfica Peruana (Infopesa). Al poco tiempo fichó a una agrupación de Pucallpa, Juaneco y su Combo, con Juan Wong Popolizio a la cabeza y conformado por el eximio guitarrista Noé Fachín, “El Brujo”. “Juan Wong y el tecladista Wilindoro Cacique compusieron ‘Ya se ha muerto mi abuelo’. En mis tiempos en Brasil escuché un tema muy popular, ‘Mujer hilandera’, que pertenecía a Zé do Norte. Yo le pregunté si podía usar su tema y si le podía poner letras en español. Me dijo que encantado. ‘Ya se ha muerto mi abuelo’ y ‘Mujer hilandera’ son dos títulos fundacionales de la cumbia peruana y tuvieron tremendo éxito”, señala Maraví entre fotografías, elepés, recortes de periódicos y una memoria portentosa.
Infopesa se convirtió en la Meca de la cumbia nacional. Se sumaron Los Mirlos, de Moyobamba, San Martín, liderados por Jorge Rodríguez Grández y que contaban con un guitarrista hipnótico, Gilberto Reátegui. ‘La danza de los mirlos’, ‘La cumbia de los pajaritos’, ‘La danza del petrolero’ fueron temas imbatibles en cualquier fiesta de los arenales que comenzaban a poblarse masivamente. En 1972 se estrenaron en Infopesa los rimenses de Los Pakines, los tarapotinos de Sonido 2000 y los tocachinos de Los Invasores de Progreso, jefaturados por el virtuoso guitarrista Ernesto “Shanty” Diestro. “En este momento la cumbia peruana había desbordado las fronteras y se escuchaba devotamente en el extranjero. Pero era el comienzo”, dice quien entonces ya era considerado el rey Midas de la cumbia peruana.
El catálogo de Infopesa se amplió conforme se desplazaba por todo el país Alberto Maraví. Fichó a Los Ilusionistas, Los Ecos, Los Tigres de Tarapoto, El Combo Palacio, Grupo 5, Agua Marina, Armonía Diez, Cantaritos de Oro y muchos más que hasta el día de hoy son protagonistas de la cumbia nacional. Devorador de éxitos, Maraví paralelamente se dedicó a otros géneros, como la balada y el bolero. Lanzó a Los Pasteles Verdes con ‘Hipocresía’, que quedó en segundo lugar en el festival de San Remo de 1975, cantado maravillosamente por Angela Luce. Sacó brillo a los boleristas Iván Cruz, Los Morunos y Gaby Zevallos. Por si fuera poco, representó al sello Fania en el Perú. Viajó especialmente a Nueva York para firmar contrato con Johnny Pacheco y Jerry Masucci. Maraví hizo migas con los grandes salseros de la discográfica.
Aunque lo que hizo temblar al mundo fue el Cuarteto Continental, cumbia colombiana con sabor peruano. En 1980 salió el primer disco, Cumbias Pegaditas, con la voz principal de Claudio Morán. Siguieron otros larga duración con cantantes como Antonio Ortiz y Julio Mau Orlandini. En 1983, cuando acompañaba al Cuarteto Continental en una gira por Bolivia, el compositor de Los Kjarkas, Ulises Hermosa, abordó a Alberto Maraví para proponerle si era posible arreglar en tiempo de cumbia algunas de sus canciones. De regreso a la capital, el dueño de Infopesa eligió ‘Llorando se fue’, cantada por Julio Mau con el Cuarteto Continental, y lo lanzó en 1985. El grupo francés Kaoma lo copió en 1989 y relanzó como ‘Lambada’. Hubo un juicio millonario que ganaron Los Kjarkas. Maraví participó como testigo. Ya circulaba como productor en el mundo. Era un rey Midas de alcance internacional.
Más de 22 años después del bombazo que hizo añicos los estudios de Infopesa, Alberto Maraví Chombo prepara su retorno. Lo acompaña en la aventura su hijo Juan Ricardo Maraví, quien ha participado en la producción de Cumbias chichadélicas (2011), una compilación de los éxitos fundacionales de Dinsa e Infopesa y una antología del Cuarteto Continental, El Auténtico e Imbatible (2011). “Son dos álbumes con los que me reencuentro con el público. Hemos comenzado a montar un nuevo estudio de grabación para reeditar los clásicos que tenemos en nuestro catálogo y lanzar a nuevos talentos. Ya tenemos a algunos”, precisa. Le preguntamos si alguna vez se equivocó al confiar en un artista. “No”, responde. ¿Algún cantante o músico se negó a trabajar con usted? “Tampoco”, expresa. ¿Contrató a todos los que quería? “A todos, y me lo agradecieron”, dice sin aires de superioridad. ¿Habrá perdido el oído? “No lo creo. Pero lo sabremos cuando comencemos a publicar los nuevos discos”, explica. El rey Midas envejece pero no es un disco rayado. (FUENTE: LAREPUBLICA)



